—Linda…
Repitió el nombre en voz baja. En su mente surgieron unos ojos brillantes, claros como el cristal… tan vívidos, tan llenos de vida.
Qué ironía.
Su nombre significaba hermosa, y sin embargo su rostro…
Así que la tarjeta de identificación que había arrojado para demostrar su inocencia se había quedado en la habitación… ¿y esa mujer despistada ni siquiera se había dado cuenta de que la había perdido?
Una sonrisa ligeramente perversa apareció en la comisura de sus labios.
Sacó su teléfono y abrió la lista de contactos. Había un nombre guardado allí: “Ugly Betty”. Lo había registrado sin pensarlo demasiado, de manera casual. Pero hoy, resultaba bastante útil.
La llamada se conectó. Del otro lado llegó una voz perezosa.
—¿Hola? ¿Quién habla?
—Busco a Betty —dijo Sebastian, curvando los labios en una sonrisa.
—No soy Betty, soy— —Linda estuvo a punto de colgar diciéndole que se había equivocado de número, pero en cuanto procesó ese apodo, se quedó helada. Lo recordó. A él. Al hombre