Eryx DeCostello
New York
Y estaba seguro que si yo no movía un dedo en la oficina ella era capaz de hacer también mi trabajo. Pero no se trataba de eso, ella era mi asistente y no le iba a cargar la mano de trabajo.
–Siéntate abuelo, ¿Te ofrezco algo de tomar? – Le pregunté – No quiero que te mal pases más de lo que ya lo estás haciendo.
El abuelo era tan meticuloso, que tenía sus horarios estrictos para comer y si ya se le habia pasado media hora no quería que fuera a sufrir un percance y todo