Desde que William conoció a Cassandra, siempre temió que surgieran rumores que dañaran su reputación, así que no se quedó en su casa aquella noche.
Aunque se fue, William no podía dejar de preocuparse por ella. A pesar de recordarle una y otra vez que no abriera las noticias de entretenimiento ni prestara atención a los comentarios hirientes, la avalancha de insultos lo enfurecía. Le dolía imaginar a Cassandra leyendo esas palabras y sintiéndose herida.
William sabía que ya estaba profundamente