La cabaña se alzaba imponente en medio de la nada, oculta entre los árboles de un bosque denso y silencioso. Construida en madera oscura y con ventanales cubiertos por gruesas cortinas, era el escondite perfecto para alguien que no quería ser encontrado. La señal era prácticamente inexistente, y las carreteras que llevaban hasta allí eran poco transitadas, lo que hacía casi imposible su ubicación mediante rastreo tecnológico.
Gabriel detuvo la camioneta en la parte trasera de la cabaña y apagó