Capítulo 16: Lo que me pertenece.
La tarde había transcurrido en un ritmo extraño. Las sombras alargadas del atardecer proyectaban figuras inquietantes en las paredes de mi pequeña casita, y el silencio, ese silencio denso que tanto anhelaba, se sentía ahora como un peso insoportable.
Me senté en el borde del sofá, con los codos apoyados en las rodillas y las manos cubriendo mi rostro. Una oleada de emociones contenidas comenzaba a desbordarse. Sentía los ojos arder, pero antes de que las lágrimas pudieran escapar, un golpe en