56. Freyja sigue desaparecida
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Nero no la suelta en ningún momento.
La carga contra su pecho mientras atraviesan el tramo final del bosque volviendo a una carretera escondida, el peso de Freyja apenas se siente, pero su respiración agitada sí. Había bajado más de media montaña sola cuando logra alcanzarla.
—Aun puedo caminar —se queja Freyja, si tiendo las mejillas rosadas. Aunque sus labios estaban pálidos.
Nero la ignora y sigue su caminata a paso tranquilo como si no le importar llevarla en brazos.
—Di estás cansado puedo ayudarte —habla Samuel detrás de él, pero Nero le lanza una mirada tan fría que hace que se quede en su sitio al menos tres segundos.
Ella había corrido tanto que Nero se sorprendió muchísimo.
Demasiado lejos para alguien herida. Demasiado terca para detenerse sola.
El bosque está lejos de ser salvaje. Sensores ocultos entre los árboles, cámaras que se activan con el movimiento, vigilancia de primera línea. Aun así, ella fue veloz. Tan veloz que le costó alcanzarla.
Cuando el vehícu