56. Freyja sigue desaparecida
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Nero no la suelta en ningún momento.
La carga contra su pecho mientras atraviesan el tramo final del bosque volviendo a una carretera escondida, el peso de Freyja apenas se siente, pero su respiración agitada sí. Había bajado más de media montaña sola cuando logra alcanzarla.
—Aun puedo caminar —se queja Freyja, si tiendo las mejillas rosadas. Aunque sus labios estaban pálidos.
Nero la ignora y sigue su caminata a paso tranquilo como si no le importar llevarla en brazos.
—Di estás cansa