36. La ira y los celos
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Kristian no pierde tiempo.
—Despeja la carretera, seguro que ya los llevaron al hospital.
Da una orden seca cuando se sube de nuevo en el asiento trasero del auto y, en cuestión de minutos, el tráfico comienza a despejarse. Nadie se atreve a desobedecer cuando su nombre aparece en medio del caos. Mientras avanzan, Jack averigua el destino de los heridos, revisa registros, llamadas, informes preliminares. Una hora después, el vehículo se detiene frente al hospital.
Joanne sigue callada a su lado, pero parece haber un muro entre ellos que le impide verlos.
Kristian baja antes de que Jack pueda abrir la puerta.
El lugar aún está revolucionado. Periodistas, curiosos, personal médico entrando y saliendo con prisa. Él no se detiene a dar explicaciones. Su sola presencia abre caminos. Pregunta una sola vez y obtiene la información que busca.
El hombre. El bebé. Están estables.
Camina con pasos largos hacia la habitación asignada. No piensa en cámaras ni en rumores. Solo necesita a