Qué ridículo.
Le respondió seria:
—Daniel, el problema que nos separa nunca hemos sido tú y yo. Son tus padres, y la enorme diferencia que hay entre nuestros mundos.
—¿Y para quién crees que me estoy matando a trabajar? ¿No ves que es por nosotros?
La observó, perdido.
—¿A qué te refieres con que es por nosotros?
Laura lo despidió con una frase tajante.
—Haz lo que te parezca mejor. Tengo una clienta esperando. Te lo repetiré por última vez: el problema no somos nosotros.
En verdad tenía una cli