—Pues, cuando el río suena, es porque agua lleva. Y con esa cara que tiene, ¿qué más pruebas se necesitan?
La mujer apretó los puños y fulminó con la mirada a Marcela.
Resultaba que una mujerzuela como esa de su imaginación le había quitado a su propio esposo, de ahí su indignación.
Sofía sonrió con ironía y, con un gesto de la mano, llamó a Eduardo, que estaba en un rincón.
—¡Acércate!
Nadie entendía qué pretendía, lo que despertó la curiosidad general.
Al ver el porte de galán de él, la gente