—Entonces dime, ¿qué se supone que hice?
Sofía miró a la mujer y avanzó hacia ella con lentitud.
En cuanto la vio, Sofía supo que no tenía idea de quién era. Nunca había tenido mala memoria para las caras, por lo general, si conocía a alguien, al menos le quedaba una vaga impresión.
Pero no recordaba nada de la mujer que tenía enfrente.
Sofía dijo con dureza:
—¿Quién eres? ¿Y a qué quieres llegar con todo esto?
—¡No quiero llegar a nada!
La mujer llevaba un vestido rojo y un maquillaje impecable