Alejandro habló con voz grave.
—Entonces, ¿dónde está Sofía? No la vi salir cuando llegué. Así que piénsalo bien, ¿a dónde se fue?
Marcela murmuró entre dientes, casi para sí misma.
—Es que, justo porque estás aquí, ella no se va a aparecer ni de chiste.
Aquellas palabras lo desconcertaron.
—¿Por qué no quiere verme?
Desvió la mirada, incómoda.
—No sé, en serio. Eso es cosa de ustedes, pregúntaselo tú mismo.
Sin decir más, intentó marcharse.
Esta vez, no la detuvo y la dejó ir. Pero le dio una a