Sofía no quería dejar la oficina con la preocupación de que algo desagradable ocurriera en su ausencia. Además, debía estar al tanto de cualquier nueva jugada de Valeria. Después de todo, la ambición de su hermana ya era más que clara.
La asistente entendió sus inquietudes y le aseguró con total confianza:
—Usted no se preocupe por nada, vaya tranquila.
—Yo me encargo de que todo esté en orden aquí. Le aseguro que no habrá ningún problema.
Para enfatizar sus palabras, la asistente hizo un saludo