Sospecha.
Mierda.
¿Cómo había sido tan estúpida como para dejarse atrapar de esa manera?
Matías la había descubierto escuchando su conversación telefónica.
Luna sintió cómo el pánico le apretaba el estómago como una tenaza.
Tenía que pensar.
Y tenía que hacerlo rápido.
Tranquila, se dijo a sí misma.
Respira.
Lo último que podía permitirse era que el nerviosismo se reflejara en su rostro.
Matías la observaba desde la puerta de la habitación.
Sus ojos dorados estaban clavados en ella.
Evaluándola.
—¿Se te