19. Ya están dentro.

El sobre no pesaba.

Pero no se le iba de la cabeza.

Rivas lo sostuvo un segundo más de lo normal, como si al soltarlo fuera a pasar algo. Como si todavía pudiera decidir no meterse más.

Pero ya estaba dentro.

Lo guardó en la chaqueta. Demasiado cerca del cuerpo.

Salgado cerró la puerta del coche de un golpe seco.

El eco rebotó en el estacionamiento vacío.

—Nos están marcando.

No sonó como duda.

Rivas siguió mirando al frente. El parabrisas devolvía el reflejo del edificio… las ventanas… sombras
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