20. Donde no deberías tocar
No pasó de golpe.
Nadie lo habló.
Pero dejó de sentirse como algo temporal.
Luna ya no dejaba el bolso listo junto a la puerta.
Ya no doblaba la ropa como si fuera a irse al día siguiente.
Y, aunque tenía su propio cuarto…
cada vez cruzaba menos esa distancia.
El departamento seguía igual.
Frío.
Ordenado.
Demasiado limpio.
Pero ya no se sentía ajeno.
Y eso…
le molestaba más de lo que quería admitir.
El sonido del café rompía apenas el silencio.
Luna apoyó la cadera contra la encimera, mirándolo