22. Miedo
Luna deja de soñar.
Se lo repitió a sí misma aquella mañana mientras observaba la espalda de Matías desaparecer por el pasillo. El clic de la puerta principal al cerrarse terminó de quebrar el silencio del departamento y, durante un instante incómodamente largo, todo volvió a sentirse demasiado claro.
Había conseguido el dinero.
No directamente de él, pero sí gracias a él. A su verdadero apellido, a la familia que llevaba años construyendo poder detrás de nombres impecables y cuentas imposibles