La pregunta del periodista atravesó los muros de la mansión como si las puertas cerradas nunca hubieran servido para proteger a nadie.
—¡Señora Moretti! ¿Es cierto que usted ya estaba en el contrato antes de que su hermana desapareciera?
Clara permaneció inmóvil en medio del salón.
Durante un segundo, todo volvió al altar: el velo sobre su rostro, la mano fría de Leonardo sujetando la suya, el nombre de Isabela flotando entre ambos como una ausencia imposible de llenar. Después regresó el pre