Regina convocó la cena con cuatro días de antelación.
Era un gesto inusual en ella, que solía preferir las invitaciones de última hora porque impedían a los demás prepararse con comodidad. Esa vez llamó directamente a Elena, dejó una fecha, un horario y un mensaje cuya educación era también una advertencia: sería una cena familiar íntima, esperaba a Clara y a Leonardo, y no hacía falta confirmar porque por supuesto que irían.
Leonardo leyó el mensaje por encima del hombro de Elena cuando la emp