—¡Tenemos que salir de este hotel ahora mismo, Victoria! ¡Antes de que Darian actúe! —siseó Mateo con la voz temblando violentamente.
Sin esperar respuesta, Mateo agarró bruscamente la muñeca de Victoria. Con los rostros pálidos como la muerte y la respiración agitada, ambos corrieron a medias, abandonando el silencioso corredor del piso superior. Su instinto de supervivencia había tomado el control de su cordura. El pensamiento de destruir a Harper se había evaporado por completo, reemplazado