33: La herida.
Ámbar.
—Ámbar …
—Carly me llamó, estará aquí en cinco minutos.
—Ámbar…
—No tengo tiempo, Darwin.
Siento cómo el pecho se me oprime por las palabras que soy capaz de decir, y al mismo tiempo en cuanto analizo la situación, mi espina dorsal tiembla.
—¿Qué dijiste?
Cierro los ojos, y una lágrima se escapa por mis ojos irritados de tanto llorar desde que me di cuenta de la gravedad de mi infidelidad. Vi en sus ojos que sería capaz de hacerme cualquier cosa si se enterase de que esta madrugada algu