114: Nadie dijo que sería fácil.
Darwin.
—No voy a irme de aquí hasta que pueda hablar con uno de esos malditos desgraciados —repito por sexta vez.
Mylo sacude la cabeza, y por sexta vez también se acerca a mi oído para decir:
—Lleva aquí toda la madrugada, señor. Luce paranoico.
Lo miro molesto porque no me está ayudando demasiado.
Se cree que cuando el ser humano pasa por una gran emoción, a medida que pasan los minutos o las horas ese momento se va apaciguando; pero en mi caso, desde que salí del hospital, siento la misma r