Me quedé completamente anonadada cuando, de repente, Samuel tomó las riendas de la situación. A pesar de que un momento antes yo era la que estaba sumamente activa sobre su cuerpo, jugando con su pecho y llenando todo su cuello de besos, con un movimiento ágil e inesperado, Samuel giró mi cuerpo, dejándome de inmediato tendida bajo su total dominio.
—Samuel... ¿tú? —pregunté con un tono de asombro contenido. Mi corazón iba a mil por hora, no solo por la pasión, sino por el hecho real que estaba