—¿Qué puedes hacer? —preguntó el marqués Forsten a Yurina—. Nada, ya que no es algo que te incumba.
La tercera concubina secaba las lágrimas que caían por sus mejillas.
"No quería que las cosas fueran en esta dirección"
"No… ¿Acaso todo lo hago mal?"
Pensaba ella deprimida.
Clac~
En ese momento, la puerta se abrió.
El marqués dirigió su mirada con sorpresa.
Yurina al ver la expresión de ese señor, volvió a ver hacia atrás.
Ahí estaba Landel de pie y detrás de él, su padre el Rey retir