9. La esposa perfecta
Llegaron a un restaurante que por la fachada no se esperaba para nada, no era inmenso ni tan elegante, sino pequeño y ciertamente con un estilo casero que le gusto al instante. Alistaír estacionó en el pequeño estacionamiento que había en el lugar, se bajó y abrió la puerta de Esmeralda.
Le ofreció el brazo, que ella acepto encantada, así fue como caminaron al lugar. Entrando lo primero que se sintió fue el aroma de comida recién hecha, sonaba una canción que no conocía pero que era relajante