28. Nadie tendrá un hijo mío
Entonces notó que ahora sí perdían altura por completo, y llegaban a una especie de helipuerto en una villa enorme, se veían árboles, fuentes, piscinas y grandes verjas en el lugar. Literalmente no le habían codeado en los lujos, era un derroche impresionante. Incluso habían canchas para hacer deporte,y las demás villas a los lados no se le comparaban en lo más mínimo en la cual ellos estaban aterrizando. Con emoción empezó a morderse sus labios.
—Deja de hacer eso, por favor, cariño. Vas a hac