27. La ciudad del amor
Durante el viaje tuvo la oportunidad de comer y beber, platicar y reír con Alistaír. Había aire acondicionado, por lo que la verdad es que no sufrió nada las cuatro horas que se hicieron de camino, encima la compañía de tan atractivo griego evitaba que si quiera le dieran ganas de dormir, así que permaneció despierta, charlando y mirando por la ventana.
Si era sincera, estaba feliz. Pero también le daba mareo ver las cosas desde tan alto, sentía pánico. En el viaje hacia Atenas paso la mayor pa