18. Un divorcio, una boda
Annabeth sonrió a la chica detrás del escritorio en la recepción.
Habían pasado tres días desde el ultimátum de Dominik, porque no fue tan fácil conseguir una resolución expréss de divorcio.
Sammael no la había contactado en los dos días anteriores, ella no insistió; seguramente estaba ocupado con el trabajo.
Llevaba un vestido rojo para robar miradas, que se pegaba a su figura como un guante; marcaba las curvas recién adquiridas debido a su esfuerzo diario con el ejercicio.
—¡Buenos días, seño