SERENA
No soy la misma que salió de Milán hace tres meses, con el corazón en la garganta y un boleto a Texas como única salida.
Esa Serena se quedó atrás, en una habitación de hotel donde Damiano pensó que podía comprarme con champán y mentiras. Ahora, de pie frente al despacho de mi padre, siento la rabia quemándome las venas, lista para explotar.
Empujo la puerta sin tocar y lo encuentro ahí, detrás de su escritorio, con Gabriele a su lado, ambos mirándome como si fuera una pieza que necesita