Trish, una chica caliente
Había pasado solo una hora, y ya sentía que el viaje se estaba haciendo interminable. No porque fuera aburrido, sino por la tensión constante que había entre Nico y yo.
Cada segundo que pasaba en ese coche con él me hacía sentir como si caminara sobre una cuerda floja, tratando de mantener el equilibrio entre lo que sabía que debía hacer y lo que realmente deseaba hacer.
Cuando al fin paramos en una gasolinera, sentí una especie de alivio. Al menos por unos minutos podría distraerme de todo lo que pasaba en mi cabeza. Nico fue directo al baño, mientras yo me dirigía hacia la tienda para comprar un par de cosas. Algo de agua, chicles, cualquier cosa que me mantuviera ocupada y lejos de pensar en lo que estaba sucediendo entre nosotros.
Me seguía preguntando por qué no me fui en tren y accedí a someterme a este tortura.
Estaba eligiendo unas botellas de agua cuando de repente sentí su presencia antes de siquiera escuchar su voz. Suavemente, se inclinó hacia mí