Después de los dos últimos días que han pasado en París, el momento que Daniele, Dante y Nico han estado esperando finalmente ha llegado.
Se encuentran en la habitación de hospital donde Dante ha estado recuperándose de la operación que prometía devolverle la vista al cien por cien. El aire está saturado de una mezcla de esperanza y nerviosismo, cada hermano lidiando a su manera con la tensión del momento.
Daniele es el más nervioso de los tres, porque prometió que todo iba a salir bien, que aquello funcionaría, ahora es cuando se verán los resultados.
Su madre va en camino a París para estar al lado de su hijo, Dante no quería que ella fuera hasta él no saber los resultados, su madre había estado en todo el proceso anterior y él no quería someterla a lo mismo si no iba haber ningún cambio. Pero Daniele la había llamado para que fuera, sin importar los resultados, tenía que estar allí con ellos.
Dante, con el vendaje todavía cubriendo su ojo, intenta leer las expresiones en los rostro