Reescribir la Verdad.
El café estaba frío, olvidado sobre la mesa de mi oficina, mientras la ciudad respiraba sin pausas a través de los ventanales.
Yo estaba sola, o eso creía, pero sentía cada movimiento, cada eco que llegaba del exterior como un recordatorio silencioso de que nada había cambiado, aunque los titulares lo dijeran.
Los Vance estaban en la cárcel, y sin embargo, no podía evitar sentir que su sombra aún se proyectaba sobre mí.
Los documentos estaban apilados frente a mí, auditorías cruzadas, informes