La Calma del Niño.
La tarde estaba teñida de gris, como si el cielo hubiera decidido reflejar el agotamiento que yo llevaba adentro.
Noah estaba en la sala de estar, acurrucado en el sofá con la manta favorita que siempre llevaba al colegio en los días fríos.
Sus ojos se movían inquietos de un punto a otro, registrando cada sonido de la casa, cada sombra que parecía cambiar de forma, cada crujido en la madera del piso.
Era una rutina silenciosa, pero llena de tensión: sus manos apretadas en los bordes de la manta