El Precio de Quedarse.
Desperté antes que Caelan.
No fue por el sonido de la ciudad ni por una pesadilla. Fue esa sensación incómoda, casi animal, de estar alerta sin motivo aparente. Abrí los ojos lentamente, cuidando de no moverme demasiado, y durante unos segundos me quedé inmóvil, escuchando.
Respiración profunda a mi lado, regular, controlada incluso en el sueño.
Caelan dormía boca arriba, una mano sobre el pecho, la mandíbula tensa como si ni siquiera dormido pudiera relajarse del todo.
Me incorporé despacio y