Confrontación Privada.
No lo cité como se cita a un adversario. No envié un mensaje urgente ni exigí explicaciones inmediatas. Simplemente le pedí que nos viéramos.
Sin dramatismo, sin contexto añadido, como si se tratara de una conversación pendiente sobre cualquier asunto ordinario. Aceptó con la naturalidad que lo caracteriza, sin preguntar por qué.
Nos encontramos en su oficina privada, no en la principal del edificio ejecutivo: demasiado expuesta, demasiado simbólica, sino en la secundaria, la que casi nadie uti