Bajo Escolta.
Nunca pensé que la palabra “seguridad” pudiera sentirse tan parecida a una jaula.
La primera vez que los vi parados frente a mi casa fue temprano, demasiado temprano para alguien que no vive ahí.
Todavía no había amanecido del todo; esa hora gris en la que la ciudad parece suspendida entre el insomnio y la rutina.
Yo estaba en la cocina, con la taza de café entre las manos, mirando sin mirar el patio trasero, cuando noté el reflejo en la ventana: dos figuras quietas, rectas, profesionales hasta