La Mente se Quiebra.
Hay espacios que uno cree dominar hasta que algo los profana, y mi sala de reuniones era uno de esos lugares. La había visto absorber discusiones imposibles, silencios estratégicos, decisiones que costaron carreras enteras.
Había sido testigo de mentiras elegantes y verdades incómodas, de pactos tácitos sellados con una mirada. Era un lugar diseñado para resistir la presión sin delatarla.
Ese día, sin embargo, la sala respiraba distinto.
Lo sentí antes de entrar. Una vibración baja, casi física