Gerónimo sintió que el alma salió de su cuerpo al escuchar las palabras de la mujer.
El color de su rostro desapareció y sus manos empezaron a sudar.
Ella al verlo tan turbado le suplica.
_Dejame ir, es mejor que me vaya.
Él la mira con la respiración agitada y haciendo un esfuerzo por hablar, le responde.
_No, usted no se va de aquí hasta que me diga si lo que acaba de decir es verdad.
Ella baja la mirada y con voz entre cortada, llena de vergüenza y dolor, le responde.
_Si, yo soy tu mamá Ger