Eva entró muy tranquila a su Spa, siempre seguida por sus nuevas “amigas” como la abeja reina perseguida por las obreras.
Le daba tanta gracia la hipocresía de estas mujeres, que volteaban tan rápido el rostro como mismo se cambiaban de bragas, era increíble.
Toda era pura falsedad, ella lo sabía, sin embargo, las estaba utilizando también a su conveniencia.
— Sra. Edwards, ya su cuarto privado de sauna, está listo como lo ordenó – una de las asistentes entró al área de los vestidores a anuncia