— Ni se te ocurra gritar o te corto la lengua – le dijo Robert a Eva viciosamente, mientras le amordazaba la boca con su mano apretada, para evitar que la chica gritara alarmando a los demás.
Eva se dio cuenta con horror que este hombre había entrado a su habitación, estaba sentado a horcajadas sobre ella y destilaba olor a alcohol rancio por todo su cuerpo.
— Me pregunto que se sentiría follarse a una virgen coja— susurró sonriendo con cinismo
— ¿Qué crees, querido primo?
— Pienso que le estar