Eva se quedó callada por unos segundos, asustada y desesperada.
Miró al hombre frente a ella, sentado en su silla de ruedas, que ni siquiera se enteraba, de que iba a ser encadenado a una mujer de por vida en sagrado matrimonio, y dudó por un momento, si echarse a correr como loca a ver si podía salir de esta pesadilla.
— Querida Eva, el notario está esperando por tu respuesta— le susurro la Sra. Grace con los dientes apretados, mientras la pellizcaba cruelmente por detrás del brazo.
Grace podí