En cuestión de segundos, se abrió una carpeta oculta. La pantalla mostraba una lista del historial de llamadas entrantes y salientes, además de un registro de mensajes encriptados. Pero no fue eso lo que dejó a Lucía sin aliento.
—Dios mío... —murmuró Lucía, dejando de teclear.
Rafael se acercó y se paró justo detrás de ella. Su estatura hizo que su sombra cubriera parte de la pantalla, pero pudo ver claramente qué era lo que había dejado a la mujer helada. —¿Qué pasa? ¿Qué encontraste?
—No son