¡Jye despertó ante el sonido de una sirena aguda, un grito desgarrador y el olor a humo! Se levantó del sofá, atravesó el salón y echó un rápido vistazo a la cocina antes de abrir la puerta del dormitorio. El corazón le dio un vuelco al ver la cama vacía.
—¡Steff! —su voz apenas era audible por encima de la alarma. Sin detenerse, corrió hacia el cuarto de baño y abrió la puerta.
Y ahí estaba ella, con una expresión aterrada en la cara... y sin nada más encima. Sintió como si hubiera recibido un