—Tienes razón, tú y él nunca fueron iguales, no puedes depender siempre de él. Si te trata mal, asegúrate de decírselo a tu abuela; ella encontrará la solución más sabia para que te alejes de él.
Elena se sintió aliviada. A diferencia de Alberto, su abuela siempre había deseado que ella realmente fuera feliz.
Esa tarde, al salir del trabajo y llegar a la puerta de la empresa, Elena vio un coche familiar.
La ventanilla bajó, revelando el familiar rostro de Silvio.
—Sube, te llevo a casa.
—No es