Capítulo 6
Olivia

Dormí intranquila, con la cabeza dando vueltas: la cara horrorizada de Ryan, la sonrisa de satisfacción de Sophia y de forma extraña, los penetrantes ojos grises de Alexander Carter mirándome desde el retrovisor.

El fin de semana transcurrió en una especie de neblina, donde pasé la mayor parte del tiempo hecha un ovillo en el sofá, devorando películas viejas, comiendo comida para llevar e ignorando al mundo, especialmente los desesperados intentos de Ryan por contactarme. Me permití tener unos días de duelo, pero para la noche del domingo ya había terminado de llorar; Ryan no merecía ni una lágrima más.

El lunes por la mañana llegó con una eficiencia brutal, así que me arrastré hasta la ducha y dejé que el agua caliente se llevara los restos del desastre del viernes. No más lágrimas; ya había derramado más que suficientes y Ryan no las valía.

Me envolví en una toalla y me quedé de pie frente al armario. ¿Qué se supone que debe usar una mujer después de descubrir a su novio metido hasta el fondo en el cuerpo de otra mujer?

Opté por una armadura: blusa blanca impecable, falda lápiz negra y los tacones más altos que tenía. Ese era el tipo de atuendo que decía: "Estoy perfectamente bien, que te jodan".

El taxi hasta Carter Enterprises tardó unos veinte minutos en llegar y los pasé desplazándome por los mensajes cada vez más desesperados de Ryan.

"Cariño, por favor, déjame explicarte".

"Fue un error".

"Llámame".

"Te amo a TI, no a ella".

Eliminar. Eliminar. Eliminar. Eliminar.

Carter Enterprises ocupaba una reluciente torre de sesenta pisos en el centro de Puerto Dorado. Llevaba ocho meses trabajando allí como ejecutiva junior de marketing y, pese a que mi vida sentimental se hubiera hecho añicos, todavía sentía un cosquilleo de orgullo cada vez que cruzaba esas puertas de cristal.

El ascensor me dejó en el piso del departamento de marketing, y noté que Nova ya estaba en su escritorio, bebiendo su habitual espresso triple.

—¡Buenos días, rayito de sol! —canturreó, entrecerrando los ojos al mirarme—. Estás distinta. ¿Labial nuevo?

—Estado civil nuevo, ahora soy soltera —dejé el bolso sobre mi mesa.

Antes de que Nova pudiera contestar, Vivian irrumpió en la oficina, sus rizos pelirrojos rebotaban con su caminar.

—Señoras, no se imaginan el correo electrónico que acabo de recibir. Al parecer, esta semana el jefazo va a venir personalmente a nuestra presentación.

—¿Alexander Carter? —casi me atraganté con las palabras.

—El único e inigualable —confirmó Vivian, sentándose en el borde de mi escritorio—. ¿Por qué pones cara de haber visto un fantasma? Ni que fueras a tener que hablar con él.

Si ella supiera.

—Solo me sorprende —atiné a decir—. No suele asistir a las presentaciones de nuestro departamento.

Alice llegó de última, como siempre, equilibrando una pila de carpetas y el móvil.

—Perdón, llego tarde. El barista se equivocó con mi pedido dos veces. ¿Qué me perdí?

—Que Alexander Carter viene a nuestra presentación y que Olivia está soltera —resumió Nova.

Los ojos de Alice se agrandaron. —¿Qué? ¿Por cuál empiezo a preguntar?

—Por la presentación —intervine rápidamente—. Es lo más importante.

—Ajá, claro que no —bufó Nova, girando la silla para encararme de lleno—. Suéltalo, Morgan. ¿Qué pasó con Ryan?

Suspiré, bajando la voz. —Lo descubrí tirándose a Sophia en su fiesta de cumpleaños.

Las tres se quedaron petrificadas.

—¿Sophia Santos? ¿La del cumple por el que saliste corriendo? —preguntó Vivian, con la boca abierta.

Asentí.

—Esa perra traicionera —susurró Nova.

—Ojalá se le caiga la polla por infiel —añadió Alice, dándome una palmada en el hombro.

—Eso es casi palabra por palabra lo que dijo Emilia —a pesar de todo, me reí.

—¿Y qué hiciste? —Vivian se inclinó, hambrienta por los detalles.

—Lo mandé a la mierda en el acto y me fui. Fin de la historia.

—Bien por ti —dictaminó Nova—. Te mereces a alguien que sepa valorar lo que tiene.

—Preferiblemente alguien con más polla y principios —apuntó Alice.

—¿Podemos centrarnos en el trabajo, por favor? —les supliqué—. Tengo que terminar las analíticas de redes antes del almuerzo.

Volvieron a sus escritorios a regañadientes, pero notaba sus miradas preocupadas cada dos por tres.

Me enterré en hojas de cálculo y métricas de engagement, agradecida por la distracción. Lo último que necesitaba era pensar en esa noche, incluyendo mi inesperado encuentro con Alexander Carter.

El CEO de Carter Enterprises no solo era mi jefe, sino que era una leyenda en el mundo empresarial: frío, calculador y brillante. Había tomado la empresa de su abuelo y la había convertido en una multinacional destacada en menos de una década. De vez en cuando lo vinculaban con modelos o actrices en la prensa rosa, pero era notoriamente reservado.

Y yo no quería, de verdad que no, que uniera los puntos entre la mujer desaliñada a la que había rescatado y Olivia Morgan, ejecutiva junior de marketing.

A la hora de comer bajamos a la cafetería de la empresa, en el piso 30. Automáticamente eché un vistazo al salón y me relajé al no ver ningún ejecutivo alto y con cabello oscuro a la vista.

—Entonces —dijo Vivian cuando nos sentamos en nuestra mesa de siempre—, cuéntanos más sobre lo que pasó el viernes. Saliste de aquí como si tuvieras el culo en llamas.

Jugueteé con la ensalada. —No hay mucho que contar. Llegamos a la fiesta, poco después no encontraba a Ryan, así que fui a buscarlo y me lo encontré doblando a Sophia sobre el tocador, taladrándola como si estuviera buscando petróleo.

Nova escupió agua por la nariz. —¡Joder, Liv! Avisa para la próxima.

—¿Y qué les dijiste? —preguntó Alice, inclinándose hacia delante.

—Les pregunté si habían sido “cuidadosos” y les recordé que, al parecer, la monogamia es muy limitante —pinché un tomate cherry—. Luego le dije que se fuera a la mierda, o con Sophia, lo que prefiriera.

—Eres la reina absoluta —Vivian alzó su botella de agua a modo de brindis—. Por Olivia, que no aguanta mierda de los infieles.

—Por Olivia —repitieron las demás.

—¿Pasó algo más que fuese interesante? —preguntó Alice—. ¿Rayaste su coche? ¿Le tiraste una copa encima? ¿Montaste un numerito?

Dudé. —No, nada de eso. Emilia y yo nos fuimos y ya.

No fui capaz de mencionar a Alexander. Sonaba demasiado surrealista, y de algún modo, demasiado íntimo.

Los días siguientes pasaron en una mezcla de trabajo y llamadas de Ryan que ignoré. Me volqué en la presentación que se acercaba, quedándome hasta tarde para pulir las diapositivas y ensayar mis intervenciones, porque si Alexander Carter iba a estar presente, todo tenía que ser perfecto.

No es que me fuera a reconocer, seguramente rescataba a mujeres de idiotas como yo todo el tiempo. ¿Por qué iba a recordar un encuentro cualquiera?

El jueves por la mañana llegué antes para preparar la sala de reuniones. Nuestra presentación sobre la nueva campaña en redes sociales estaba programada para las 10 de la mañana, y mi estómago estaba hecho un nudo desde que me desperté.

—Tranquila —dijo Nova, ajustando el proyector—. Es probable que Carter ni aparezca. Estos ejecutivos siempre tienen “emergencias” de última hora.

—Y si aparece, va a estar pegado al móvil todo el tiempo —añadió Vivian, enderezando las sillas.

Alice llegó con una bandeja de cafés. —O se irá a mitad de la presentación, eso fue lo que pasó en la última reunión de ventas.

Sus intentos de tranquilizarme no estaban funcionando.

No conseguía sacarme de la cabeza la imagen de Alexander reconociéndome, alzando las cejas al conectar la imagen de la Olivia profesional con el desastre emocional al que había llevado a casa.

A las 9:55 la sala ya estaba llena con el personal de marketing y algunos ejecutivos que conocía de otros departamentos. Me coloqué cerca del frente, repasando mis notas una vez más.

A las 10 en punto, la sala se quedó en silencio, alcé la vista y vi a Alexander Carter cruzar la puerta con zancadas largas, seguido de dos asistentes. Se veía aún más imponente en su terreno, con un traje gris oscuro perfectamente cortado para sus hombros anchos, su sola presencia acaparaba toda la atención sin esfuerzo.

Saludó con un leve gesto y tomó asiento en la última fila. Por mi parte, bajé la vista hacia mis notas de inmediato, con el corazón golpeando con furia contra mis costillas.
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