Capítulo 37; Un juramento.

—Por supuesto, jamás hubiese perdonado aquello, todos esos maldit*s se pudren en el infierno. Aunque sus muertes no me devolverían a Irina, ellos no seguirían respirando, cuando le arrebataron la vida a mi esposa. — Amaia asintió, no debía sentirse bien porque otros seres humanos dejarán de respirar pero consideraba que la venganza de Nikolay había Sido más que justa.

—Ahora te entiendo un poco más— caminó hacia él y quedó justo en frente— te juro que estoy dando lo mejor de mi en los entren
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