—¡Que me sueltes! ¿Quién te crees que eres?—Simon estaba custodiando la puerta, mientras en el interior solo estaba Sofía y Bethany.—¡Hablaré con mi padre! Te vas a arrepentir de esto, Sofía. ¡Tú y tu maridito.
—Eso quiero verlo, ¿te presto un móvil o qué? ¿Quieres llamarlo? Siéntate y ya cállate el hocico.—viendo que Bethany no se sentaba, Sofía avanzó hacia ella, pero la pelinegra huía de la rubia.—No soy partidaria de los locos, pero tú especialmente le has dado problemas a mi hermana, sin m