POV Alejandro
A la mañana siguiente, me levanté muy temprano. Sofía dormía profundamente, me vestí en silencio y bajé al despacho. Raúl ya estaba allí, con dos tazas de café negro sobre la mesa y un mapa digital proyectado en la pantalla de la pared.
—Dime que tienes un rastro, Raúl —le dije, tomando una de las tazas.
—Tenemos más que un rastro, jefe —respondió él, con una sonrisa fría y calculadora— el topo de Nápoles, Ernesto le pagó su parte, pero el muy imbécil no sabía cómo lavar el dinero