Escuchaba un pitido constante que me llamaba, pero por más que intentara hacerle caso, no conseguía hacerlo. Mi mente volvía a divagar, sobre cosas que se perdían tan pronto volvía a escuchar el sonido agudo que parecía decir mi nombre. No sé cuánto tiempo pasó hasta el momento en que pude distinguirlo y recordar lo que me había sucedido, como un mosaico de cristales fragmentados que no lograba unir. Para cuando logré abrir los ojos, lo primero que vino a mi mente, ya lúcida, fue Antonella. Qui