Estaba nerviosa porque sabía que me enfrentaba al ojo abierto del destino, que pondría su atención sobre mí para advertirme por mi insolencia al estarlo desafiando. En el mosaico que formarían las cartas, entre los Arcanos Mayores y los Arcanos Menores, como me explicó Ximena, estaría el tapiz en el que se entrelazaban mis opciones, el susurro de las cartas, transmitido por la tarotista, y del que yo elegiría si empeñarme en nada contracorriente o acogerme, con el suave nado de espaldas, a que