Mundo ficciónIniciar sesiónEl dolor no me dejaba luchar, mis piernas se doblaban y las contracciones se volvían cada vez más fuertes. Mientras mi padre me arrastraba sin piedad, yo entraba en labor de parto.
―Podemos vender a ese niño, nunca falta la mujer estéril desesperada por un bebé ―dijo Nadia entre risas.
Sus palabras me hicieron caer en la desesperaci&oac







